Vamos a continuar nuestro recorrido por las pautas de comportamiento del póker cuando llegan perturbaciones ajenas a la indumentaria, los “chips tricks” y demás efectos ajenos al póker. Ahora analizaremos conductas desesperantes dentro del propio juego.

A menudo, jugando partidas convencionales o torneos, los jugadores entran y salen de la partida con relativa facilidad. La reubicación de competidores debido a las eliminaciones o a los movimientos de fichas pueden provocar la aparición de un aparente “kamikaze” del póker o también llamado maníaco.

La conducta de individuos con este perfil es clara: aparentemente hacen lo contrario a lo que la teoría clásica del póker dicta con resubidas continuas, actuaciones impropias de la posición que ocupan o incluso apuestas superiores a lo que la mesa estaba soportando. Curiosamente su extraña actitud les lleva a acumular con rapidez un buen número de fichas.

Para combatir este tipo de comportamientos, la teoría nos indica que debemos reforzar tres cuestiones básicas del juego y se resume como estrategia de las tres “P”.

1.- Posición: mantener las apuestas que el “maníaco” quiera realizar cuando nuestra posición sea posterior a la de este contrincante y siempre que nuestra mano tenga buena perspectiva de victoria. Normalmente este jugador mantendrá su agresividad hasta el mismo Showdown a pesar de llevar manos perdedoras.

2.- Paciencia: mantener nuestra actitud racional a pesar de las provocaciones y posibles victorias del maníaco. Sabemos que su estrategia puede ser artificiosa y dar resultados buenos en el cortísimo plazo, pero jugando de esa manera manos perdedoras no tardaremos en echarlo de la partida.

3.- Poder: podemos hacerlo si le dominamos en fichas subiéndole razonadamente las apuestas para que se dé cuenta de lo equivocado de llegar al Showdown, o bien a través de las cartas buscando “check-raise” (pases ciegos o pasar teniendo una excelente mano) para que la agresividad del maníaco juegue a nuestro favor y le quitemos muchas más fichas de una vez.

Además de necesitar buen conocimiento del juego del póker, precisaremos de mucha disciplina, nervios de acero y fuerza mental para echar a este tipo de jugador, pero también tiene una doble recompensa: además de la satisfacción de expulsarlo de la mesa, el resto de jugadores nos verán como un jugador fuerte desde ese momento, temiéndonos más que antes de la llegada de este perturbador.